January 2012
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Lo más normal es dejarse llevar por la corriente principal de opinión, esa que resulta cómoda, simple y no requiere de un conocimiento profundo del tema, ya que los medios y el «buzz» que genera el evento le basta a estos individuos para opinar.
«Jajajá, es un pendejo», «qué vergüenza», «y así es como quiere gobernar un país» eran las expresiones más sonadas de aquella corriente principal ante el desliz de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara.
Hoy se hablaba en muchos lugares de un partido de futbol, «ojalá gane el Barça», «el Madrid va a remontar», «visca el Barça» se leía y escuchaba en cualquier lugar.
De súbito surge la corriente alternativa, llena de pseudointelectuales y autoproclamados sarcásticos. «La gente que critica a Peña Nieto ni ha leído un libro en su vida», comentan. «Es bien naco apoyar al Barcelona/Madrid» alegan con aire de superioridad y esperando la ira de sus conocidos y el aplauso de sus amigos.
Me parece muy bien que existan algunos que no se dejen llevar por la corriente de opinión principal, es casi meritorio que sean capaces de expresar su opinión. El problema es que caen en lo mismo que critican; pierden en la radicalización del concepto y al juzgar sin discriminar. La corriente principal puede ser simple y sosa, pero la alternativa—aparte de ventajista— suele carecer de sentido.